“El Jaguar ha marcado mi vida”
Entrevista a Juan Manuel Ochoa*
Por Satty Fernández Alvarado**
Juan Manuel Ochoa Rivero. Sus primeros pininos fueron como
parte del grupo actoral Cuatro Tablas, dirigido por Mario Delgado. A inicios de
los años 80, trabajó en la producción de Lucho Llosa para series como Gamboa. Ya en 1985, empieza el éxito con
la interpretación del Jaguar en La ciudad
y los perros, una película nacional de gran trascendencia dirigida por
Francisco Lombardi. En la década de los 90 ha participado en películas como Alías la gringa y Coraje, y en telenovelas como Los
de arriba y los de abajo y Los unos y
los otros. En el 2003 integra el cortometraje Confianza. Luego en el 2005 actúa como capitán Luján en la
telenovela Misterio. Posteriormente,
en el 2006 interpretó a un asesino en la película Mariposa negra; ese mismo año, actuó en la película Peloteros. Luego en el 2013 participó en
Asu Mare y formó parte de un episodio
de la serie Solamente milagros. En el
2014, ha
participado en películas como Gloria del
pacífico, Perro guardián y el Pueblo Viejo. Actualmente, se ha
inclinado por la dirección, donde junto a Wilbert H. Flores dirigen la obra
teatral Malvados.
SFA: Recordando años atrás, nos
encontramos con Juan Manuel Ochoa, uno de los grandes personajes de la película La ciudad y los perros, una adaptación
cinematográfica de la obra de Mario Vargas Llosa, dirigida por Francisco
Lombardi... ¿Cómo fueron sus inicios en su carrera actoral?
JMO: Soy egresado de
la Universidad Católica, en particular de la escuela de teatro de la
universidad. En finales de estudios generales ya estaba adelantando cursos de Literatura,
que era la carrera a la que me proyectaba, cuando descubrí que mi verdadera
vocación era el teatro más que la literatura. Y esto fue gracias a un amigo mío,
que con engaños me llevó a una función de teatro de lo que fue en aquel
entonces; te hablo de los años 70, el primer elenco, el primer grupo de la
primera promoción. Era el grupo Cuatro Tablas, un grupo de tercer teatro que
era una opción teatral relativa, nueva en nuestro país; para mí era totalmente
nuevo pues no la conocía. Antes de ver al grupo, lo que yo sabía y conocía de
teatro era el teatro convencional, aquel teatro que puede ser hoy en día lo que
realiza Oswaldo Cattone, que en esa época lo hacía Pepe Villar, hermano de
Luna, ambos ya fallecidos. Y era un teatro en un sala convencional, con un
telón, cuatro butacas, entrabas pasabas por la taquilla y pagabas tu entrada,
luego pasabas por un "hall", después a una sala y veías una obra de
teatro. Si bien no me disgustaba, tampoco me apasionaba. Me lleva este amigo a
ver a este grupo Cuatro Tablas; para empezar no me lleva a un teatro, sino a un
galpón y no había taquilla porque la entrada era gratuita, él me engañó porque
me dijo que iba a pagar la entrada, y no había un “hall”,
sino directamente entrabas a un espacio donde había en círculo distribuidas
tres filas de sillas de paja y al centro habían cinco "hippies"
pelucones, haciendo unas cosas rarísimas; por ejemplo, estiramiento, brincos y gritos totalmente
incomprensibles y yo no entendía nada, pensé que ya había empezado la obra,
pero no, estaban haciendo calentamiento. Pero en ese calentamiento, de alguna
manera, sin previo aviso, empezaron a contarme la historia del descubrimiento
de América, de Colón hasta la República. Y yo me quedé totalmente fascinado,
porque vi transformar trapos, bártulos, chatarras, baldes de pintura, cosas de
desecho en carabelas, en uniformes de sujetos y cascos de soldados, entonces vi
tanta magia, energía. Además todo esto te lo contaban, cantaban, tocaban
guitarra, y un actor se transformaba en otro personaje y de ahí a otro. Yo no
podía respirar, me quedé totalmente fascinado, tanto así que me acerqué al
final de la obra a Mario Delgado, que era el director, y decirle que quería
trabajar con ellos, si es posible quedarme a vivir, estaba realmente fascinado.
SFA: ¿Cómo así logra formar parte del grupo
actoral de la película "La ciudad y
los perros" con el personaje del "Jaguar"?
JMO: Eso fue otra
aventura, yo trabajaba para Luis Llosa en la productora anterior que estuvo
previa a Iguana, es con la que se hace mucho más conocido; te hablo de los años
ochenta, ochenta y cinco concretamente. Nosotros producíamos, teníamos dos
series para Panamericana de súper éxito: una era Gamboa, una policial para la cual, yo trabaja como actor y jefe de
producción y la otra era Carmín, en
la cual trabajaba como actor. Y mi jefe, que era el productor de campo, Manolo
Castillo, estaba haciendo la dirección
de casting de La ciudad y los perros,
película de "Pancho" Lombardi, producida por Inca Films, que era su
productora. Yo para eso sabía lógicamente quién era Francisco Lombardi, pero
jamás había conversado con él, ni siquiera había visto una foto de él; o sea,
no sabía cómo era su cara, no lo conocía más que por sus películas, como una anterior
que había tenido regular éxito: Maruja en
el infierno. Entonces, por una conversación telefónica del jefe Manolo, en
la oficina, me entero que se iba a hacer La
ciudad y los perros. En ese sentido, como yo soy actor y soy egresado del
colegio militar, sumo uno más uno... (risas). Le dije: “¡Oye, ya pues, llámame
no!, además, yo quiero ser el "Jaguar", no quiero otro personaje
(porque siempre quise hacer ese personaje)”, y me dijo: “Ya, te voy a dar una
cita”. Pasó como un mes y nunca me dio la cita, yo casi hasta me había olvidado
de esa película, y por otra conversación me entero que la próxima semana se
arrancaba el rodaje de La ciudad y los
perros y todavía no tenían al Jaguar. Pregunto dónde queda Inca Films, me
dieron la dirección, pedí permiso en mi trabajo y me fui. Cuando llegué, había
una cantidad enorme de personas, más de doscientas, era un caos porque estaban
seleccionando a los cadetes del colegio, que es un grupo más de trescientas
personas, entonces había "n" gente. Yo llego, le digo a la
recepcionista que soy Juan Manuel Ochoa y le dije: “Tengo una cita con Manolo
Castillo” (lo cual era falso), y me dijo: “A ver, un momentito, no se encuentra
en la lista”. Le dije que mirara bien, que ahí debe estar, pues él me ha dado una
cita, ella seguía buscando. En eso veo pasar a Manolo por el fondo del pasadizo,
él trabajaba conmigo y no me podía sacar. No de muy buena gana, me hizo pasar a
su oficina y me dio un texto del Jaguar y me dijo: “Léelo”. Yo iba a empezar a
leerlo y en eso, se aparece un barbón de lentes, se para en la puerta, se queda
mirándome así con mucha frescura. “Debe ser Lombardi”, dije yo y me puse muy
nervioso, tanto así que leí muy mal. Terminé la lectura y dije: “Manolo, dame
quince minutos para volver a presentarte el texto porque lo he hecho mal”. No
sé que me iba a responder él, cuando el de la puerta, que efectivamente era
Lombardi, le dijo: “No, dale una cita en mi oficina mañana a las diez”. Y bueno,
al día siguiente estuve allí, junto conmigo había otros actores más citados,
entre ellos, todos lo que quedamos en la película. Estaba el Poeta, el Boa y el Rulos. Pancho
seleccionó dos grupos, a mí me puso en el grupo de los que quedaron y nos
planteó una improvisación fuera del guión, de una situación "x" que teníamos
que inventar nosotros; entonces, planteamos la improvisación. Creo que hice
valiosos aportes, por lo que yo tenía
experiencia de primera mano; además, conocía a varios de los actores que
estaban conmigo y la hicimos. Nos volvieron a citar al día siguiente, donde en
ese día estábamos en la oficina de Pancho los que quedamos, y atrás de su
escritorio estaba un papelógrafo con varias notas, entre ellas un apunte de
lapicero a un rostro, que yo lo había visto desde que entré, pero ni siquiera
me fijé quién era ni de qué se trataba. Salió un momento el Poeta, Pablo Serra, que estaba a mi
costado, y me dice: “Eres tú, es tu cara”. Efectivamente, era yo, aparecía mi
cara y abajo decía “Jaguar”, no lo podía creer. Luego salió Pancho y nos dijo
que éramos parte del elenco.
SFA: ¿Y cómo fue principalmente la
relación del elenco con el director Francisco Lombardi?
JMO: Fue muy
estrecha. Realmente, para mí fue muy grato trabajar; era mi primer
largometraje, fue mi primera experiencia como actor de cine. Y yo sinceramente,
en ese momento, no me imaginé lo trascendente que iba a ser la película en mi
vida, y ese personaje que me ha marcado. Han pasado treinta años, y se está
cumpliendo treinta años de La ciudad y
los perros; por la calle la gente me sigue diciendo “Jaguar”, así sea gente
que ni siquiera había nacido cuando se había realizado la película, pero que la
había visto posteriormente, porque es un película que ha quedado. Lo del elenco
fue una relación muy horizontal, yo diría más amical que profesional, éramos
muy jóvenes, casi todos recién egresados de la escuela. De los cadetes, yo era
el mayor y el más viejo de todos, tendría veinticinco años, los demás tenían entre
dieciocho y diecinueve. Fue una cosa bonita, porque a lo largo del rodaje se
arma lo que es el colegio militar, si bien es cierto estaba bajo un régimen
castrense, pues no deja de ser un colegio de muchachos de secundaria. Entonces,
ese espíritu, digamos que se vivió con los actores que trabajábamos, no
faltaban “chacotas”, “jodas” del colegio, inventamos un himno que no era del
colegio y cosas así. Ocurrieron mil anécdotas, todo esto se filmó no en el
colegio militar, sino en el reformatorio de Maranga; el detalle es que muy poca
gente lo sabe. Tanto el Colegio Militar como el Reformatorio quedan en la
costanera, a unas ocho cuadras de distancia el uno del otro, con construcciones
de la misma época; son idénticas. ¿Por qué? Pues lógicamente, la primera opción
de la producción fue pedir el colegio, pero se lo rechazaron. En ese entonces, La ciudad y los perros era una novela
proscrita en el colegio que estaba prohibida, y si a ti te encontraban, te
castigaban, porque se consideraba a Mario Vargas Llosa como desertor, traidor
al colegio. La relación con Pancho sí fue diferente, no porque sea yo que
digamos. En general, él mantenía una relación idéntica con todos los actores. Él
es un tipo muy pensativo, que se toma su tiempo antes de darte una respuesta,
es muy cerebral, que daría la impresión que no es un tipo apasionado, pero es
todo lo contrario.
SFA: ¿En qué contexto se realiza la
película "La ciudad y los
perros"? ¿Qué situación social estaba atravesando el Perú?
JMO: Esto empezaría
en el segundo gobierno de Belaúnde, donde se trata de negar por todos los
medios de que existe el terrorismo y que existía cinco años, hasta un poco más
atrás, y termina a fines de su gobierno. Se estrena ya con el de Alan García,
en su primer gobierno, donde había una crisis social y económica, en la cual
los políticos echaban la culpa a los diez años de dictadura militar. Veníamos
de la devolución de los medios de comunicación a sus legítimos propietarios,
todo eso había cambiado con los diez años del gobierno militar; los canales de
televisión volvieron con sus trabajadores, las grandes empresas con sus obreros
que hicieron cooperativas, el agro igualmente, el país se puso de cabeza.
SFA: ¿Quién es el Jaguar para Juan Manuel Ochoa?
JMO: El Jaguar es un
personaje típico y arquetípico, incluso de la fauna y flora de cualquier
promoción del colegio militar. Mario Vargas Llosa, entre los grandes méritos
que tiene, en particular en esta novela, ha utilizado su experiencia de primera
mano, pues él ha sido cadete del Colegio Militar para crear un grupo de
personajes que existe en todas las promociones, no solo del Colegio Militar, sino
de cualquier cuartel de régimen cerrado. Siempre vas a encontrar un Poeta, que
es un “pendejo blanco”, vas a encontrar un Jaguar, que es un líder medio
marginal que batutea las acciones ilegales y que por último se vale de los
puños para imponer su ley. Este tiene sus secuaces de diferentes tonos y
características: la presencia provinciana, también el Boa, el Rulos, que es quien le mete más leña, el
serrano Cava. Todos estos personajes, el teniente Gamboa, que es el teniente
del reglamento; el otro, el chato Huarina,
existen hasta la fecha. Tanto así que en más de una oportunidad me he abordado
con una persona mayor que yo, que indica que en su verdadera promoción estuvo
el verdadero Jaguar. Todo el mundo se puede jactar que en su promoción estuvo
el verdadero, porque siempre existe un Jaguar, un Poeta y un Esclavo, pues son
personajes típicos producto de esta forma de convivencia que se da detrás de
los rubros de un cuartel.
SFA: ¿Qué mensaje nos deja la película
desde su perspectiva?
JMO: Créeme que esa
pregunta me es difícil contestar. Yo creo que en el cine en general o en
cualquier obra de arte, los mensajes son diferentes para cada receptor. Por
ejemplo, para uno podrá ser el mensaje “no a la represión”, mira los resultados
que tiene un régimen tan castrense como el castrense, valga la redundancia;
para otro será la lealtad, nadie quiere ser el delator y para otros será sabe
Dios qué. Lo que sí te puedo decir es que La
ciudad y los perros te muestra una paleta de opciones frente a las normas,
a las imposiciones que estos traen.
SFA: Usted se ha convertido en un
ejemplo a seguir para muchas personas que se inician en la carrera actoral. ¿Qué
consejos le daría a alguien que se inclina por empezar en la actuación?
JMO: Que se pongan
derechos (sonríe), que perseveren. La carrera del actor, en general, cualquier
opción artística suele ser fascinante, pero si no tienes la pasión vas a
quedarte en el camino y es mejor que sea así. Es una selección natural, pero si
la tienes, ¡“pucha”!, tienes que perseverar, porque hay momentos de gloria en
el que al día siguiente o ese mismo día te estrellas contra la bruta y dura
realidad. Prefiero cosas tan concretas que a mí me han pasado, donde llegas a
tu casa, una limosina te recoge, tomas el mejor champán, eres el actor del
mundo, y de repente, todo “chau” y abrazos, metes la mano al bolsillo, te das
cuenta que no tienes ni un sol para un taxi y esperas a que amanezca para
“chapar” la primera combi y eso puede ser muy doloroso, muy desalentador. Pero
lo que uno debe recordar es que si tú estás ahí no es por la fama o la gloria,
sino por el arte. Si estás ahí es porque eres artista y es allí donde tienes
que perseverar, el momento de gloria no es el aplauso. El momento de gloria
para mí, como actor, es estar frente a una platea, en la cual yo con el
monólogo que estoy diciendo, la he dejado enmudecida; incluso le he cortado la
respiración cuando he hecho una pausa dramática, y cuando continúo ves esa cosa
maravillosa. El saber que estás en la atención, la rutina, la mente, en el
corazón de más de mil personas, es lo que a mí me vale. Me dice que sí estoy en
el camino, el poder que tengo con eso de decir y conducir, y allí hay que
observar un mínimo de ética, pues sí eres un modelo. Así pues, para eso es
importante la formación académica, porque todos nacemos con un talento. Sin
embargo, ¿para qué sirven las escuelas, aparte de toda una serie de técnicas?
Pues lo hacen para darte una disciplina, una ética, para bajarte los humos,
darte la humildad del caso; caso contrario, te pierdes como los chicos de “Combate”,
terminan en las páginas policiales o en el anonimato. ¿Qué dejaron? No lo
sabemos.
SFA: Le agradezco Juan Manuel por
brindarme su tiempo, ha sido un gusto haberlo entrevistado, muchísimas gracias.
JMO: A ti, gracias.
* Entrevista fue
realizada el 9 de mayo del 2015 en “El mito”, café-bar de la familia del actor,
en el jirón Ica, Centro histórico de Lima, para el curso de Técnicas de Estudio
e Información.
** Satty Fernández Alvarado (Lima, 1997).
Estudia Comunicación Social en la UNMSM.